Una crónica de arena
Radhan , Consorte De Miquella VS Olga, Plastic soldier
La llanura de ceniza se extendía bajo un cielo sin sol, y Radhan , Consorte De Miquella, avanzaba con el peso de un mundo antiguo sobre los hombros. Su cabello rojo ardía como un…


Personajes del relato
La llanura de ceniza se extendía bajo un cielo sin sol, y Radhan , Consorte De Miquella, avanzaba con el peso de un mundo antiguo sobre los hombros. Su cabello rojo ardía como un incendio contenido bajo el yelmo de león. A su espalda, Miquella permanecía suspendido en un silencio luminoso, y de esa luz dorada brotaban hilos que se enredaban en la armadura colosal como venas de oro fundido. Cada pisada del semidiós quebraba el suelo en grietas radiales; cada respiración suya era un trueno lejano.
Frente a él, sobre una base circular de plástico verde, Olga, Plastic soldier, sostenía su rifle con ambas manos. La luz oblicua no le arrancaba reflejos: su cuerpo era mate, uniforme, monocromo, como una pieza recién salida de un molde. No había temblor en sus brazos. Su voz surgió con la textura de un módulo de juguete antiguo, plana, sin inflexiones.
—Unidad anómala detectada. Procedo con contención de orden físico.
Radhan no respondió con palabras. Alzó sus dos espadas curvas y el aire comenzó a curvarse a su alrededor. La gravedad obedeció: las piedras dispersas levantaron vuelo, los fragmentos de ceniza se arremolinaron, y el propio terreno pareció inclinarse hacia él. Era su manera de hablar, y todo el campo de batalla lo entendió.
Olga no esperó. Disparó.
La primera ráfaga cruzó el espacio en una línea limpia y golpeó el hombro izquierdo del semidiós. El impacto resonó como un martillo contra una campana de bronce. Radhan no retrocedió; la bala apenas dejó una marca pálida sobre el metal antiguo. Pero Olga ya había registrado el dato. No apuntaba al centro de la armadura. Sus siguientes disparos se dirigieron al hueco bajo el brazo, a la junta del muslo, a la ranura donde la coraza cedía un milímetro. Disciplina pura, cálculo frío, trayectorias que ignoraban el orgullo de la carne.
Radhan alzó una espada y la gravedad rugió. Olga sintió cómo su propia base circular se deslizaba hacia adelante, arrastrada por una fuerza invisible. Se apoyó con firmeza, clavó los talones en la ceniza y usó una roca cercana como anclaje improvisado, tal como dictaba su algoritmo de orden: usar los escombros como cobertura temporal, nunca exponerse a un golpe directo.
—Trayectoria compensada —anunció, y volvió a disparar.
Las balas trazaron arcos precisos. Una de ellas alcanzó el rostro de Miquella. El resplandor dorado parpadeó, y por un instante Radhan bajó la guardia. Fue solo un instante, pero Olga lo aprovechó: tres disparos consecutivos a la misma junta del codo derecho. La armadura crujió. Por primera vez, algo en el semidiós cedió de verdad.
Radhan gruñó, una vibración que hizo temblar la ceniza a metros de distancia. Alzó ambas espadas y descargó su poder. Del cielo, oscurecido de pronto, cayeron meteoritos incandescentes. El primero impactó a cien pasos de Olga y la onda expansiva la hizo rodar sobre su base. El segundo cayó más cerca. El tercero apuntaba directo a ella.
Olga no huyó. Su mente de plástico procesó el ángulo, la velocidad, el tiempo de impacto. Se lanzó hacia un cráter humeante y usó el borde del suelo levantado como escudo. El meteorito estalló contra la roca; fragmentos de piedra fundida la sepultaron parcialmente, pero su cuerpo resistió, verde e intacto, como un soldado de juguete que un niño hubiera olvidado en el jardín. Emergió del polvo con precisión mecánica y retomó la posición de tiro.
—Integridad estructural: noventa y seis por ciento. Continúo.
Radhan comprendía ya el tipo de enemigo que tenía enfrente. No era veloz, no era sagrada, no invocaba nada. Era simplemente inquebrantable, y eso la hacía peligrosa. Concentró la gravedad en un solo punto y atrajo hacia sí todo lo que rodeaba a Olga: piedras, ceniza, fragmentos de metal. La tormenta gravitacional la arrastró centímetro a centímetro. Olga clavó el rifle en el suelo y se aferró a él, pero el plástico de sus dedos comenzó a deformarse bajo la tensión.
Entonces Radhan cargó.
Dos espadas curvas descendieron sobre ella como un eclipse. Olga esquivó la primera, pero la segunda la alcanzó de lleno en el costado. El golpe debería haber partido a cualquier criatura por la mitad. El cuerpo verde de Olga se dobló, se agrietó, y aun así se mantuvo entero, resistiendo como solo un objeto inanimado puede resistir. Pero el impacto la lanzó por los aires y la estrelló contra el suelo, lejos de su base circular, que quedó atrás, aplastada por una roca.
Por primera vez, Olga estaba fuera de su plataforma. Por primera vez, sus piernas de plástico no encontraban el equilibrio perfecto que su algoritmo exigía. Se incorporó a medias, rifle aún en mano, pero Radhan ya estaba encima de ella.
El semidiós alzó una sola espada. Miquella brilló a su espalda, y una explosión de luz dorada envolvió el acero. No era un golpe salvaje; era un juicio. Radhan descendió la hoja con la calma terrible de quien ya ha decidido el final.
Olga disparó una última vez, apuntando al ojo bajo el yelmo. La bala rozó el metal. No fue suficiente.
La espada dorada atravesó el torso verde y lo partió en dos mitades limpias que cayeron a ambos lados de un charco de ceniza. La cabeza con casco rodó unos metros y se detuvo, mirando al cielo sin sol. Su voz, ya sin cuerpo, emitió un último mensaje distorsionado:
—Orden... no... restablecido.
Luego, silencio. El plástico dejó de moverse.
Radhan retiró la espada y contempló los restos. No había placer en su victoria, solo la certeza de un deber cumplido. Miquella descendió suavemente a su lado, y la luz dorada fue apagándose hasta dejar solo el viento sobre la llanura.
—El orden físico no se impone con un rifle —murmuró el semidiós con voz profunda—. Se impone con el peso del mundo.
La ceniza volvió a asentarse. La base circular, aplastada, seguía allí, como el recuerdo de algo que creyó poder detener lo imparable.
El final registrado
Este encuentro terminó con Radhan , Consorte De Miquella aún en pie.
Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.¿Cambiarías este final?
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