Una crónica de arena
Radhan , Consorte De Miquella VS janitorial cat of the night
La luna roja pendía sobre los muelles de cemento como una herida abierta en el cielo, y Radhan , Consorte De Miquella, descendió sobre el patio industrial con el peso de una…


Personajes del relato
La luna roja pendía sobre los muelles de cemento como una herida abierta en el cielo, y Radhan , Consorte De Miquella, descendió sobre el patio industrial con el peso de una montaña que recordaba haber sido estrella. Sus dos espadas curvas colgaban de sus manos como colmillos de un león dormido. Tras él, la luz de Miquella pulsaba en su armadura dorada, un latido sagrado que teñía de ámbar los charcos de aceite. Había venido por la misma razón que el otro: un objeto. Sobre la plataforma de carga, junto a un contenedor azul abollado, un fragmento de meteorito negro brillaba entre la maquinaria amarilla. Radhan lo necesitaba para forjar la senda que devolvería a Miquella su forma plena. El gato lo necesitaba porque el fragmento, con su polvo cósmico incrustado en cada grieta, era la mancha más obstinada que sus ojos brillantes habían registrado jamás.
El janitorial cat of the night no emitió sonido alguno. Bajo, pegado al hormigón, sus ojos verdes cortaban la penumbra como dos linternas industriales. No comprendía la palabra enemigo. Solo comprendía superficie sin limpiar. Y el semidiós, con cada pisada que hacía temblar las losas, era una superficie inmensa y sucia que arrastraba escombros, polvo y sangre antigua por todo su territorio.
Radhan lo vio. Una criatura pequeña, insignificante, plantada entre él y su premio. Alzó una espada.
—Aparta, alimaña.
El gato no escuchó. Saltó.
No fue un salto de depredador, sino el salto preciso de un paño que se lanza contra un derrame. Aterrizó en el antebrazo de Radhan y, con movimientos frenéticos y metódicos, comenzó a frotar la armadura de león. Cada pasada de sus patas arrancaba capas de óxido ceremonial que el semidiós había acumulado en siglos de campañas. Radhan sintió un escozor absurdo, como si le arrancaran la piel a tiras.
—¡Basta!
Sacudió el brazo con la fuerza de un alud. El gato salió despedido, rebotó contra el contenedor azul con un golpe seco y se levantó sin un solo maullido. Sus ojos no mostraban rabia. Mostraban inventario. Había detectado una mancha nueva: el hombro izquierdo del gigante, todavía intacto.
Radhan comprendió entonces que no luchaba contra un animal, sino contra una compulsión sin fondo. Y Miquella, a su espalda, susurró sin palabras: *el fragmento, Radhan. No lo pierdas de vista.*
El gato corrió hacia el fragmento de meteorito. Radhan levantó ambas espadas para partir al intruso en dos, pero el felino se deslizó entre sus piernas como agua sucia y trepó por la maquinaria amarilla hasta quedar junto a la roca negra. Allí, con una dedicación litúrgica, comenzó a lamer el polvo cósmico de la superficie. Cada lamida borraba un poco de la sustancia que Radhan necesitaba.
Furia. La furia de un semidiós es un fenómeno atmosférico. Radhan hundió una espada en el hormigón y alzó la otra hacia el cielo. El fragmento de meteorito vibró, respondiendo a su llamado. Pero el gato ya no estaba encima. Se había dejado caer al suelo y corría hacia un charco de aceite que la lluvia había arrastrado hasta la plataforma. No por miedo. Porque el charco, extendido junto al contenedor azul, era una mancha mayor que cualquier otra en el campo de batalla. Su misión no era ganar. Era limpiar.
*Ese es el momento*, pensó Radhan. El gato, absorto en el aceite, ignoraba la roca. El semidiós podía haber aplastado al felino con un solo golpe de gravedad, pero no lo hizo. Si destruía al gato con el fragmento aún manchado de polvo lunar, la energía se corrompería. Necesitaba que el gato terminara su trabajo, que consumiera el polvo inestable, que dejara la roca limpia y pura. Así que esperó. Renunció al golpe inmediato. Y esa paciencia —la paciencia de un general, no de una bestia— selló el destino del felino.
El gato terminó con el aceite. Levantó la cabeza. Y Radhan ya estaba sobre él.
—Borrar la Verticalidad.
El semidiós hundió ambas espadas en la tierra. La gravedad gimió. Los escombros del muelle se elevaron en espiral, los tornillos, las cadenas, los restos de maquinaria, todo flotó en un torbellino dorado mientras Miquella proyectaba su fulgor desde la armadura y medía lo incorpóreo, lo que no tiene peso ni línea. El gato intentó correr, pero no había suelo bajo sus patas, solo aire ascendente. Radhan alzó los ojos al cielo y llamó a un meteorito.
El impacto no fue un impacto. Fue una anulación. La roca descendió desde la estratosfera y borró el espacio mismo donde el gato había intentado existir. No quedó línea vertical que separara arriba de abajo, ni horizontal que separara al cazador de su presa. Solo un cráter humeante en el centro del patio, y en el borde, intacto, el fragmento de meteorito, limpio de todo polvo, brillando negro y perfecto bajo la luna roja.
El janitorial cat of the night ya no estaba en ninguna superficie. Y por primera vez en su existencia eterna, no había nada que limpiar.
Radhan recogió el fragmento con una mano ensangrentada y lo acercó al pecho de Miquella. La luz dorada lo envolvió. El semidiós no celebró. Miró el cráter, donde ni un solo pelo de tabby quedaba, y sintió un respeto extraño por la criatura que había limpiado su roca hasta dejarla lista para el renacimiento de un dios.
—Tu obra está completa, pequeño —murmuró, y las palabras resonaron en el muelle vacío como el eco de una campana.
El final registrado
Este encuentro terminó con Radhan , Consorte De Miquella aún en pie.
Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.¿Cambiarías este final?
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