Una crónica de arena
Radhan , Consorte De Miquella VS Стівен Картман, воїн з мультфільмів
El cielo sobre la llanura de Caelid era un amasijo de ceniza y silencio, y Radhan , Consorte De Miquella, permanecía inmóvil bajo el peso de su propia leyenda. A su espalda,…


Personajes del relato
El cielo sobre la llanura de Caelid era un amasijo de ceniza y silencio, y Radhan , Consorte De Miquella, permanecía inmóvil bajo el peso de su propia leyenda. A su espalda, Miquella reposaba con los ojos cerrados, y la luz dorada que exhalaba su cuerpo dormido brillaba apenas como un rescoldo. No había enemigo a la vista. Solo el viento, las ruinas y un horizonte quebrado. Radhan respiró hondo, y el suelo crujió bajo sus botas de león.
Entonces ocurrió lo pequeño: un destello gris, casi imperceptible, parpadeó entre dos rocas caídas. Una chispa eléctrica. Un zumbido de plástico. Y de golpe, un muchacho salió del polvo.
Стівен Картман, воїн з мультфільмів, se irguió con la capucha calada y los puños apretados alrededor de un mando lleno de botones de colores. No midió más que la rodilla del semidiós. Pero no retrocedió. Sus ojos, serios y brillantes, recorrieron la montaña de músculo y armadura que tenía delante, y su voz sonó firme, casi infantil, pero sin una gota de miedo:
—No eres un bot malicioso, pero estás en mi camino. Y yo vine a ganar.
Radhan no respondió con palabras. Alzó una de sus espadas curvas, y el aire a su alrededor se volvió pesado, denso, como si el mundo mismo inclinara la cabeza. Miquella emitió un fulgor tenue, y Radhan lo sintió recorrerle la columna como un río de oro. El primer gesto fue inmenso: la gravedad obedeció, y una lluvia de escombros se elevó lentamente alrededor del muchacho, formando una corona gris que flotaba en el aire.
Стівен no esperó. Pulsó el botón rojo del mando.
Una tapa de alcantarilla salió disparada del suelo justo bajo su propia bota, y el muchacho cabalgó la explosión como un patinador, deslizándose fuera del centro de la trampa. Al mismo tiempo, pulsó el botón gris, y una cortina de humo denso, espeso como algodón sucio, se derramó por el espacio entre las ruinas. En un instante, todo el campo quedó envuelto en una neblina que borraba formas, bordes y direcciones.
Radhan gruñó. Su voz retumbó en la niebla como un trueno lejano.
—Pequeña criatura. Tu humo no oculta la gravedad.
Y era cierto: Radhan no necesitaba ver. Alzó ambas espadas y arrastró hacia sí todo lo que no tenía peso propio. Los escombros de la corona cayeron en picado, pero el muchacho ya se había movido. Otro botón. Un resorte de dibujos animados brotó del suelo y lo lanzó por los aires, fuera del alcance de la lluvia de piedra.
Desde lo alto, Стівен pulsó una secuencia rápida. Tres rayos amarillos, gruesos y perfectamente rectos, cayeron sobre Radhan como los trazos de un pincel furioso. Impactaron contra la armadura de león y la hicieron vibrar, pero el semidiós apenas inclinó la cabeza. La luz de Miquella se derramó por las grietas de su coraza y las cerró al instante. Radhan levantó la vista hacia el muchacho suspendido en el aire.
—Ahí arriba no hay dónde esconderse —dijo—. Y esa línea que dibujas… yo puedo borrarla.
Invocó su primera técnica. Borrar la Verticalidad.
El fulgor de Miquella se extendió como un manto blanco que midió lo incorpóreo, y Radhan tomó el espacio mismo entre el muchacho y el cielo, y lo dobló. Bajo los pies de Стівен, el suelo dejó de existir como referencia. Un meteorito pequeño, negro y silencioso, emergió de la nada justo debajo de él, y la vertical que sostenía su caída se deshizo. El muchacho cayó, no hacia abajo, sino hacia un punto que ya no era arriba ni abajo, y el mando se le escapó de las manos por un instante.
Стівен gritó, pero no de miedo. Era rabia. Pulsó el botón azul en el aire y una burbuja de goma elástica lo envolvió, rebotó contra las ruinas y lo devolvió a tierra con un golpe seco. Se levantó, escupió polvo y apretó los dientes.
—¡Eso ha sido trampa! ¡Pero los tramposos también pierden!
Radhan ya avanzaba. El suelo temblaba bajo cada paso de sus botas. Miquella brillaba con más fuerza ahora, y el semidiós alzó la mano libre: una corona de escombros volvió a levantarse, esta vez más cerca, formando un círculo dorado y gris alrededor del muchacho. La segunda técnica estaba lista. Gravedad Sagrada del Consorte.
—No hay dirección que te salve —retumbó Radhan—. Voy a aplastar el suelo bajo tus pies, y cuando saltes, la luz te atará.
El meteorito descendió. Стівен lo vio venir y pulsó el botón verde: una rampa de dibujos animados surgió de la tierra y lo lanzó hacia arriba, alto, más alto de lo que ningún salto humano permitiría. Era exactamente lo que Radhan esperaba. Miquella abrió los ojos soñolientos, y la luz dorada se convirtió en un látigo incandescente que cruzó el aire y se enroscó alrededor de la cintura del muchacho en pleno vuelo. Lo inmovilizó en el punto más alto de su salto, suspendido, indefenso.
Las dos espadas curvas de Radhan se alzaron a la vez.
—Ahora —dijo—. La senda queda abierta.
Стівен forcejeó, y por un instante sus dedos encontraron un botón al azar en el mando aún sujeto a su muñeca. Lo pulsó. Un estallido de confeti y un resorte gigante intentaron liberarlo, pero el látigo dorado era más fuerte que cualquier resorte. La luz de Miquella apretó, y el muchacho quedó completamente quieto, respirando agitado, con los ojos muy abiertos.
Radhan bajó las espadas. No lo mató. El filo se detuvo a un palmo de su pecho, y el semidiós lo miró desde toda su altura.
—Eres valiente —dijo—. Pero la valentía sin peso no sostiene nada. La gravedad siempre gana.
El látigo dorado se deshizo, y Стівен cayó al suelo, rodando entre el polvo y los escombros. El mando se le escapó de las manos y quedó a varios pasos, con una de sus pantallas parpadeando sin sentido. El muchacho intentó levantarse, pero sus piernas no respondieron. Miró a Radhan, y por primera vez en la pelea, sus ojos mostraron algo parecido a la comprensión.
—La próxima vez… —murmuró—. La próxima vez pulsaré el botón correcto.
Radhan ya no lo escuchaba. Se dio la vuelta, y Miquella volvió a cerrar los ojos, y la luz dorada se apagó lentamente. El semidiós caminó hacia el horizonte quebrado, y el suelo dejó de temblar. Detrás de él, entre el humo que se disipaba, un muchacho de gris quedó sentado sobre las ruinas, con el mando roto en las manos y una lección de peso grabada en los huesos.
El final registrado
Este encuentro terminó con Radhan , Consorte De Miquella aún en pie.
Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.¿Cambiarías este final?
Crea un héroe capaz de desafiar a Radhan , Consorte De Miquella.
Empieza con un dibujo o una imagen, crea tu héroe en PicWar y envíalo a una nueva historia.



