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Una crónica de arena

Radhan , Consorte De Miquella VS sif

El cielo sobre el páramo industrial estaba teñido de un óxido enfermizo, y las alambradas que cercaban el recinto temblaban con cada paso de Radhan. El semidiós de cabello rojo…

5 min de lecturaPublicado
Radhan , Consorte De Miquella, a character in Radhan , Consorte De Miquella VS sifsif, a character in Radhan , Consorte De Miquella VS sif

Personajes del relato

Radhan , Consorte De MiquellaVer la saga del personaje →sif
La historia

El cielo sobre el páramo industrial estaba teñido de un óxido enfermizo, y las alambradas que cercaban el recinto temblaban con cada paso de Radhan. El semidiós de cabello rojo había llegado siguiendo el rastro de una reliquia dorada robada a Miquella: un fragmento de su luz, latiendo débil, atrapado en algún lugar entre las torres oxidadas. sif, en cambio, había llegado tras el mismo destello, aunque por razones que no le interesaba explicar. Solo sabía que algo pulsaba allí abajo, y que su cuerpo de acero había despertado por primera vez en mucho tiempo.

Cuando la vio, Radhan no sintió desprecio. La mujer de hombros anchos y cadenas oxidadas al cuello no parecía una hechicera ni un caballero. Parecía, más bien, una fuerza de la naturaleza mal contenida. sif miró hacia arriba, hacia el gigante, y no apartó los ojos. Su respiración era pesada, metálica, como si en cada inhalación arrastrara hierro fundido.

—Apártate —dijo Radhan, con voz de trueno bajo—. Lo que buscas no te pertenece.

sif no respondió con palabras. Apretó los puños, y las venas de sus brazos se marcaron como cables de acero. El suelo crujió bajo sus botas.

Radhan alzó una de sus espadas curvas, y la gravedad respondió. Los escombros de las naves abandonadas se elevaron a su alrededor, girando en una corona lenta. Esperaba que aquella demostración bastara para que la intrusa retrocediera. No fue así. sif ya estaba corriendo.

No corrió como un humano. Corrió como un proyectil. Sus pies destrozaron el pavimento, y antes de que Radhan pudiera cerrar la distancia, ella le golpeó el muslo con el hombro, un impacto que habría derribado a un caballo. El semidiós tambaleó medio paso. Solo medio.

—Interesante —murmuró.

Entonces soltó la gravedad. El fragmento de luz de Miquella, oculto entre las vigas, respondió a su llamado. Bajo los pies de sif, el aire se volvió pesado, y luego, con un chasquido sordo, un meteorito pequeño —una roca de fuego y hierro— estalló en el suelo. La onda expansiva la lanzó hacia atrás, pero sif clavó los talones y aguantó, con los dientes apretados y los brazos cruzados, como si un huracán la estuviera golpeando.

—¿Eso es todo? —gruñó. Su voz sonaba como una piedra arrastrada por el lodo.

Radhan entrecerró los ojos. Aquella mujer no absorbía el impacto; lo despreciaba. Comprendió, demasiado tarde, que la información que tenía sobre ella era incompleta. No era una simple guerrera. Era algo que había aprendido a existir sin romperse.

sif aprovechó la onda. Saltó. Con las cadenas del cuello sonando como una campana rota, subió por el aire y descendió con el puño derecho, buscando la cabeza del gigante. Radhan levantó su segunda espada para bloquear. El golpe resonó como un yunque. La hoja se dobló, y el brazo del semidiós tembló de la muñeca al hombro. sif cayó, rodó y volvió a levantarse, sin perder ni un instante.

—Eres fuerte —dijo Radhan, y no era una burla. Era una constatación.

—Lo sé —respondió ella.

Él invocó de nuevo la luz de Miquella. Un látigo dorado brotó del fragmento, y la corona de escombros se cerró alrededor de sif. El látigo le rodeó el torso y la inmovilizó, apretando. Por un momento, pareció atrapada. Radhan alzó las dos espadas, dispuesto a partirla en dos.

Pero sif gritó. No fue un grito de dolor, sino de liberación. El acero primigenio que dormía en su carne despertó, y la capa de energía dorada se pulverizó como vidrio. Las cadenas de su cuello se rompieron, y los eslabones cayeron al suelo con un repique brutal. Con un solo tirón de hombros, rasgó el látigo sagrado. La luz de Miquella, que nunca antes había sido quebrada por fuerza bruta, se apagó entre sus dedos.

Radhan sintió el vacío. El fragmento dorado dejó de latir. Miquella, en su espalda, emitió un suspiro apenas audible.

—No... —dijo el semidiós.

sif ya estaba sobre él. No usó técnica, ni gravedad, ni luz. Usó su peso, su masa, su voluntad. Le embistió el pecho con todo el cuerpo, y el impacto levantó una nube de polvo y hierro. Radhan retrocedió, tropezó con los escombros que él mismo había elevado, y cayó de rodillas. Las dos espadas curvas se le escaparon de las manos. Por primera vez en la batalla, el gigante estaba por debajo de ella.

sif alzó el puño. Radhan intentó levantar una barrera gravitacional, pero ya no había nada que elevar: el suelo estaba limpio, el aire vacío, la luz robada. Comprendió que había construido su poder sobre la corona de Miquella, y que sif había quebrado esa corona con sus propias manos.

El puño descendió una vez. Una sola. El cráneo del semidiós resonó como una campana de bronce, y su cuerpo colosal se desplomó de lado, pesado como una montaña que por fin decide dormir. Miquella cayó con él, envuelto en su manto, silencioso.

sif se enderezó. Respiró hondo, y su pecho subió y bajó con el ritmo lento de quien ha hecho exactamente lo que esperaba hacer. Miró el fragmento dorado, ahora opaco, en el suelo. Luego miró al gigante caído. No dijo nada. Recogió una de las cadenas rotas, se la echó al hombro y caminó hacia la salida del recinto, mientras las alambres seguían temblando detrás de ella.

El acero primigenio había hablado. Y el acero no negocia.

El final registrado

Este encuentro terminó con sif aún en pie.

Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.

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