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Una crónica de arena

Emili VS BRODAN

Emili ascendió las escaleras de incendio del edificio abandonado con el sigilo de quien ha sobrevivido demasiados siglos. El metal oxidado crujió bajo sus botas, pero su instinto…

4 min de lecturaPublicado
Emili, a character in Emili VS BRODANBRODAN, a character in Emili VS BRODAN

Personajes del relato

EmiliBRODAN
La historia

Emili ascendió las escaleras de incendio del edificio abandonado con el sigilo de quien ha sobrevivido demasiados siglos. El metal oxidado crujió bajo sus botas, pero su instinto le dictó detenerse. Algo flotaba en el aire del quinto piso: un aroma dulzón a humo y hierba quemada, ajeno a la ruina.

Empujó la puerta metálica y la encontró sin cerradura. Al otro lado, un cuarto bañado en luz violeta, extrañamente intacto. Pósteres con triángulos dorados, lámparas decoradas con hojas verdes, frascos rotulados, pequeñas criaturas luminosas que revoloteaban como hadas. Y en el centro, un anciano de barba gris y gorro tejido, cigarrillo entre los dedos, señalándola con una calma irritante.

—HEY! LISTEN! —espetó el viejo, y su voz pasó de un murmullo arrastrado a un latigazo agudo en una sola sílaba—. Llegas con muy malas vibras, pelirroja.

Emili no respondió. Sus runas brillaron tenues bajo la armadura oscura. Aquel hombre no parecía un guerrero, y precisamente por eso la inquietaba. La inmortal había aprendido que los enemigos más peligrosos rara vez anuncian su amenaza.

BRODAN aspiró el humo y lo soltó en un anillo perfecto que flotó hacia el techo.

—Estás en mi piso. Mi vibra. Así que o escuchas, o te vas.

—No escucho a nadie —fue la respuesta de Emili, grave y cansada como el eco de una guerra olvidada.

El anciano sonrió. Y entonces el combate comenzó sin que ningún puño se moviera.

BRODAN volcó un frasco etiquetado "GOOD BUD" con el pie. El contenido se derramó y, al tocar una lámpara encendida, estalló en una nube espesa de humo verde que se expandió por la habitación. La visión de Emili se anegó de inmediato. Tosió. Las pequeñas criaturas luminosas empezaron a zumbar a su alrededor, desorientándola con destellos erráticos.

—¡Eso es! —rió BRODAN desde algún lugar de la niebla—. ¡No puedes golpear lo que no puedes ver!

Emili cerró los ojos. La paciencia de los siglos le había enseñado a confiar en otros sentidos. El humo no ocultaba el crujir de las tablas bajo los pies del viejo, ni el chasquido de su cigarrillo al aspirar. Se giró y lanzó un puñetazo cargado de energía caótica que hizo temblar las paredes.

El golpe atravesó la niebla y dio en el aire. BRODAN ya se había movido, subiendo por una escalera de mano hacia el ático abierto del edificio. Emili lo persiguió, saltando de una viga a otra, ganando altura. La luz violeta se derramaba desde arriba, dibujando siluetas fantasmales.

En lo alto, el espacio se abría en una plataforma de madera suspendida sobre el vacío del piso inferior. BRODAN la esperaba allí, de espaldas al gran ventanal roto por donde entraba la noche.

—Escúchame bien, bud —dijo, y por primera vez su tono perdió la broma—. Tu caos no sirve contra alguien que ya vive en el caos. Yo no peleo. Yo observo. Y he observado que tu armadura brilla más cuando te mueves rápido.

Emili frunció el ceño. Era cierto. Las runas de su coraza absorbían su propio poder, y cuanto más lo liberaba, más la delataban. El viejo no era un combatiente: era un lector de patrones.

Pero la inmortal no había sobrevivido milenios por ser predecible.

Cargó toda su energía caótica, no hacia afuera, sino hacia adentro. Las runas de su armadura estallaron en un resplandor rojo cegador, un faro de poder puro. El humo verde se disipó de golpe, arrastrado por la onda de choque. Las criaturas luminosas huyeron despavoridas.

—Si quieres verme brillar —dijo Emili—, entonces mira.

BRODAN levantó las manos, pero ya era tarde. La onda la alcanzó de lleno y lo lanzó contra el ventanal. El cristal ya estaba roto; el impacto lo arrojó hacia el exterior, hacia el aire nocturno. Por un instante, el anciano quedó suspendido sobre el abismo, cigarrillo apagado, gorro volando.

Emili saltó tras él sin dudar. No por crueldad, sino porque el vacío era su territorio. Mientras caían, ella controlaba la gravedad con su poder caótico, girando en el aire, y su puño derecho se hundió en el pecho de BRODAN justo antes de que ambos tocaran el techo del edificio contiguo.

El golpe resonó como un trueno. El anciano rebotó y quedó tendido, inmóvil, entre los escombros. Las luces violetas del piso de arriba parpadearon y se apagaron una a una, como velas consumidas.

Emili aterrizó de pie, respirando con pesadez. Se acercó al cuerpo del viejo y comprobó, con alivio frío, que aún respiraba. No lo había matado. No era su costumbre.

—Escuchaste mal —murmuró, más para sí misma que para él—. El caos no se controla. Solo se sobrevive a él.

Se giró hacia la noche. Las runas de su armadura se apagaron lentamente, devolviéndole la penumbra que era su única compañía. En algún lugar de la ciudad, otros ecos de guerra la esperaban. Siempre la esperaban.

Detrás de ella, entre los escombros, un frasco roto dejó escapar un último hilo de humo verde que se deshizo en el viento.

El final registrado

Este encuentro terminó con Emili aún en pie.

Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.

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