← Volver al archivo

Una crónica de arena

Radhan , Consorte De Miquella VS Cluck Norris

El cielo sobre las Llanuras Sepultadas se partió sin aviso. No hubo trompetas ni presagios: solo el peso de dos existencias incompatibles coincidiendo en el mismo punto del mundo.…

4 min de lecturaPublicado
Radhan , Consorte De Miquella, a character in Radhan , Consorte De Miquella VS Cluck NorrisCluck Norris, a character in Radhan , Consorte De Miquella VS Cluck Norris

Personajes del relato

Radhan , Consorte De MiquellaVer la saga del personaje →Cluck Norris
La historia

El cielo sobre las Llanuras Sepultadas se partió sin aviso. No hubo trompetas ni presagios: solo el peso de dos existencias incompatibles coincidiendo en el mismo punto del mundo. Radhan, Consorte de Miquella, sintió el impacto antes de verlo. La gravedad —esa marea que él mismo gobernaba— tembló como un animal que reconoce a un depredador mayor.

Al frente, entre una niebla de polvo dorado, estaba Cluck Norris. Un gallo enorme, de plumaje rojizo y cresta erguida como una corona de hierro. Sombrero de ala ancha, chaleco de mezclilla desgarrado, puños emplumados apretados en una postura baja. No se movía. No parpadeaba. Existía, y eso bastaba para reescribir el terreno.

Radhan no dudó. Alzó sus dos espadas curvas y arrastró con la gravedad una corona de escombros que giraba a su alrededor. A su espalda, Miquella extendió una mano pálida y la luz sagrada se derramó sobre el semidiós como un manto de oro vivo.

—No sé qué eres —retumbó la voz profunda de Radhan—, pero este suelo te rechaza.

Cluck Norris inclinó apenas la cabeza bajo el sombrero.

—El suelo no decide nada —gruñó, con un trueno seco en la garganta—. Yo decido dónde me paro.

Radhan golpeó el aire con ambas hojas y desató *Borrar la Verticalidad*. La gravedad rugió. Una lluvia de rocas incandescentes ascendió primero, midiendo lo incorpóreo, trazando el contorno exacto del rival con fulgor sagrado. Luego, el cielo se abrió y un meteorito descendió bajo los pies del gallo, anulando el espacio donde una línea podía existir.

El impacto fue total. La tierra se hundió en un cráter hirviente.

Pero Cluck Norris ya no estaba abajo.

Había saltado. No con magia, no con trampa: pura voluntad convertida en músculo. Aterrizó sobre el borde del cráter con las rodillas flexionadas, impecable, el sombrero intacto. La onda expansiva le pasó por encima como si respetara su decisión de no caer.

Radhan lo vio y sintió, por primera vez en mucho tiempo, algo parecido al respeto. También sintió la oportunidad. El gallo estaba en alto, expuesto, sin cobertura. Un segundo más y el látigo dorado de Miquella lo inmovilizaría, y las dos espadas curvas cerrarían la pinza.

*Gravedad Sagrada del Consorte.* La luz de Miquella se estiró hacia arriba, buscando el punto donde el enemigo se sostenía.

Y entonces Radhan hizo algo inesperado. No atacó.

Retuvo el golpe.

El látigo dorado se detuvo a un palmo del pecho de Cluck Norris, vibrando, hambriento. Radhan quería medirlo, entender cómo un cuerpo sin armadura había sobrevivido a la anulación del espacio. Quería la respuesta antes del final. Fue un instante de curiosidad de guerrero, casi noble.

Cluck Norris no desperdició el regalo.

—Bad motherclucker —dijo, con calma plana—. Ya perdiste.

Bajó del aire como una sentencia. Sus puños no golpearon la armadura de león: golpearon la idea de que la armadura importaba. El primer impacto atravesó el fulgor sagrado y lo apagó como una vela. El segundo encontró el pecho de Radhan y no lo empujó: lo convenció de retroceder. La gravedad misma, esa ley que el semidiós creía suya, obedeció al gallo y arrastró a Radhan de rodillas al fondo del cráter que él mismo había creado.

Miquella gritó. Su luz intentó reparar, defender, restaurar. Cluck Norris ni siquiera lo miró.

—Tu luz no corrige nada —dijo—. La realidad se corrige sola.

Y así fue. Cada intento de Radhan por levantar escombros con gravedad encontraba el vacío: los meteoritos se desviaban de la trayectoria que debían seguir, las coronas de roca se deshacían antes de formarse. No era magia enemiga. Era más simple y más terrible: el universo había decidido que Cluck Norris estaba en el sitio correcto, y ninguna ley física discutía con esa decisión.

Radhan, Consorte de Miquella, alzó una última vez sus espadas. Su voz profunda ya no sonó autoritaria, sino grave y lúcida.

—Entonces… gana tú.

Cluck Norris cerró el puño una vez más. Cuando lo abrió, el semidiós yacía inmóvil en el cráter, y la luz dorada de Miquella se había replegado, temblorosa, como una llama sin aire. El gallo ajustó su sombrero con un gesto lento, se giró de espaldas al campo de batalla y caminó hacia el horizonte.

En el silencio, un cartel de madera seguía plantado en la tierra quemada, con una palabra tachada y otra intacta: *REALITY CORRECTS ITSELF*.

Y la realidad, esta vez, había corregido a favor del gallo.

El final registrado

Este encuentro terminó con Cluck Norris aún en pie.

Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.

¿Cambiarías este final?

Crea un héroe capaz de desafiar a Cluck Norris.

Empieza con un dibujo o una imagen, crea tu héroe en PicWar y envíalo a una nueva historia.

Seguir leyendo

Estos personajes vuelven en otras historias

Envía otro héroe al archivo

Cada historia empieza con un personaje que alguien imaginó.

Sigue leyendo o crea en PicWar un nuevo personaje desde un dibujo o una imagen.

Crear un personaje