Una crónica de arena
Radhan , Consorte De Miquella VS Kael Voltis
La llanura de ceniza se abrió bajo dos trayectorias opuestas. Radhan , Consorte De Miquella, avanzaba desde el norte, cada pisada suya un seísmo contenido; a su espalda, la luz del…


Personajes del relato
La llanura de ceniza se abrió bajo dos trayectorias opuestas. Radhan , Consorte De Miquella, avanzaba desde el norte, cada pisada suya un seísmo contenido; a su espalda, la luz del cuerpo de Miquella tejía aureolas sobre la armadura de león y sobre el cabello rojo que ondeaba como un estandarte. Kael Voltis, en cambio, llegó desde el este, deslizándose entre las rocas con pasos de laboratorio: medía distancias, calculaba la resistencia del aire, contaba los latidos de su propio pulso. El chico de cabello azul claro levantó la mano derecha; el código 'EX-018' brilló sobre su manga blanca con un resplandor que no era sagrado, sino eléctrico.
Primer intercambio. Kael descargó un latigazo de energía sobre una columna de basalto y la partió en fragmentos que cayeron como lluvia. Radhan no se movió: simplemente alzó una de sus espadas curvas y la gravedad obedeció. Los escombros quedaron suspendidos, girando en órbita lenta alrededor del semidiós. Con la otra espada señaló al joven científico, y el fulgor de Miquella midió lo incorpóreo, trazando la línea invisible donde el cuerpo de Kael existía. Kael comprendió el peligro en menos de un segundo: aquel gesto no apuntaba a él, apuntaba al espacio que él ocupaba.
Segundo intercambio. Kael corrió en zigzag, descargando chispas para alterar el aire. Radhan atrajo toda la arena hacia sí con un tirón gravitacional, y el suelo se convirtió en un embudo. Kael saltó, se impulsó con una explosión eléctrica desde los tobillos y logró mantenerse fuera del pozo. Pero al aterrizar, sus botas se hundieron hasta los tobillos. La gravedad de Radhan no golpeaba: pesaba. Cada movimiento del joven costaba el doble. Kael lo notó, lo midió, y sonrió con la serenidad de quien acaba de entender una ecuación.
Tercer intercambio, más breve. Radhan lanzó una de sus espadas curvas en un arco que cortaba el aire en dos. Kael se inclinó, dejó que la hoja pasara sobre su cabeza y respondió con un puñetazo eléctrico al antebrazo del semidiós. El impacto resonó como un trueno pequeño. La armadura de león chisporroteó, pero Radhan no retrocedió ni un paso. En cambio, Miquella alzó una mano, y una explosión dorada barrió la distancia entre ambos. Kael fue empujado veinte metros hacia atrás, con el abrigo blanco chamuscado en el borde.
Pausa. Los dos se miraron a través del campo de ceniza removida. Kael respiraba con precisión, contando sus reservas. Radhan respiraba como una montaña. El joven científico bajó la mirada hacia su mano derecha y supo que le quedaba una sola oportunidad: no podía ganar por fuerza, pero quizá podía ganar por interferencia. Recordó la clase de poder que sostenía al semidiós: la gravedad no era solo un arma, era un sistema. Y todo sistema puede ser perturbado.
Cuarto intercambio, decisivo. Kael concentró toda su energía eléctrica restante en la palma derecha. El aire alrededor de su brazo se volvió violeta; el código 'EX-018' ardió sobre su manga. No apuntó al cuerpo de Radhan, ni a sus espadas, ni a Miquella. Apuntó al campo gravitacional que envolvía al semidiós, a esa malla invisible que atraía escombros, meteoritos y enemigos. Liberó una onda electromagnética de alta frecuencia, un pulso diseñado para desestabilizar el plasma y las estructuras de contención. La gravedad de Radhan no era plasma, pero era un campo, y todo campo tiene una frecuencia.
La onda golpeó. Radhan sintió que el peso del mundo se le resbalaba de las manos. Los escombros que orbitaban a su alrededor cayeron de golpe. El fulgor de Miquella parpadeó. Por un instante —un instante que Kael había calculado con precisión de laboratorio— la armadura de león perdió su cohesión dorada y dejó al descubierto una grieta en el costado. Kael ya estaba en movimiento. Cruzó los veinte metros en un parpadeo eléctrico y descargó su puñetazo directamente en la fisura, un golpe que no buscaba herir la carne, sino apagar el sistema. La corriente entró y el brillo sagrado se apagó como una lámpara.
Radhan cayó de rodillas. No por el dolor, sino porque su propio poder había dejado de responder. Miquella se aferró a su hombro, pero la luz ya no fluía. El semidiós intentó alzar una espada; sus dedos no encontraron la gravedad que solía obedecerles. Kael retrocedió tres pasos, con el brazo humeante y el rostro pálido, y observó el resultado con la misma calma con que se observa un experimento concluido.
—Lo siento —dijo Kael en voz baja, con la precisión de quien sabe que la disculpa no cambia el resultado—. Tu gravedad era un sistema. Yo solo encontré la frecuencia.
Radhan , Consorte De Miquella permaneció inmóvil, sostenido apenas por la voluntad de Miquella, mientras el campo de ceniza se asentaba a su alrededor. La línea vertical de su poder había sido borrada, y en su lugar quedaba un hombre gigante arrodillado ante un chico de abrigo blanco. La llanura quedó en silencio, salvo por el zumbido residual de la electricidad y el susurro dorado que ya no encontraba dónde brillar.
El final registrado
Este encuentro terminó con Kael Voltis aún en pie.
Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.¿Cambiarías este final?
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