Una crónica de arena
Gogeta SJJ Blue Full Power VS Loira do banheiro
El aire del baño escolar olía a humedad vieja y a jabón barato. Gogeta SJJ Blue Full Power aterrizó en el pasillo de azulejos blancos con un estruendo sordo, y la onda expansiva de…


Personajes del relato
El aire del baño escolar olía a humedad vieja y a jabón barato. Gogeta SJJ Blue Full Power aterrizó en el pasillo de azulejos blancos con un estruendo sordo, y la onda expansiva de su ki divino agrietó los espejos en cadena. Las luces parpadearon. Su cabello azul, erizado hacia arriba, chisporroteaba con rayos de energía que lamían las paredes como serpientes eléctricas.
—No huyes —dijo, con dos voces fundidas en una sola autoridad—. Sal.
El primer espejo respondió. Una figura delgada y pálida emergió de su propio reflejo: Loira do banheiro, cabello rubio, ojos negros, sonrisa casi fantasmal. Su vestido blanco no proyectaba sombra alguna. Dos lanzas pendían de sus dedos largos; la punta de una de ellas latía con una luz azul fría.
—Qué visitante tan educado —susurró, y su voz reverberó desde los cuatro espejos a la vez, dulce primero, luego rota por una risa híspida—. ¿Viniste a mirarte? Todos vienen a mirarse.
Gogeta no esperó. Cerró la distancia en un parpadeo y lanzó un puñetazo directo al torso de la figura. El impacto atravesó el aire y reventó el espejo en mil fragmentos. La Loira se desvaneció en la lluvia de vidrio, y su risa brotó de otra superficie.
—Casi —canturreó—. Casi.
Él giró. Su aura azul iluminó el pasillo entero, y por un instante pudo ver lo que los espejos ocultaban: un corredor que no existía, extendiéndose más allá del muro real, un espacio plegado sobre sí mismo. El baño se estaba alargando. Las puertas de los cubículos se multiplicaban.
Loira emergió tras él, lanza en alto, y la punta azul trazó un arco hacia su nuca. Gogeta la bloqueó con el antebrazo. El metal chocó contra su piel endurecida por el ki y vibró. Ella rio, encantada.
—Fuerte. Qué aburrido es lo fuerte.
Entonces se multiplicó. Cinco Loira, diez, veinte, todas con la misma sonrisa, todas con lanzas idénticas, girando en torno a él como un carrusel de espejos. Los reflejos no eran copias: eran puertas. Cada vez que Gogeta golpeaba a una, su puño desaparecía un instante en un espacio distinto y regresaba con el impacto amortiguado. La Loira real se movía entre las imágenes, y su risa saltaba de dulce a histérica sin aviso.
—¿Cuál soy? —preguntó—. ¿La del espejo roto? ¿La de tu izquierda? ¿La que ya está dentro de ti?
Un zumbido le subió por la nuca. La punta azul había rozado su hombro, y un frío limpio le recorrió el brazo. No era dolor. Era una sensación de duda, un eco en la certeza.
Gogeta respiró. Cerró los ojos un latido.
—No eres ninguna —dijo—. Eres el vidrio.
Y encendió el aura completa.
La explosión de ki divino no fue un golpe: fue una marea. Las ondas azules barrieron el pasillo, y cada espejo falso se agrietó a la vez. Pero Loira no atacaba al azar; sabía leer a los anclados a la realidad. Destrucción ambiental: su terreno favorito. Cuando el vidrio estalló, ella ya había tejido el corredor plegado en una trampa, y las astillas flotaron suspendidas, cada una reflejando a Gogeta desde un ángulo imposible.
—Mírate —susurró ella, y ahora su voz era casi tierna—. Tan seguro. Tan completo. ¿Sabes lo frágil que es eso?
Las astillas convergieron. No hacia él: hacia su reflejo en el suelo encharcado. Y el reflejo se movió por su cuenta, alzando un brazo que Gogeta no había alzado. Por un instante, dudó de cuál de los dos era el original.
Fue ese instante el que ella esperaba. La lanza azul atravesó el aire y le abrió un tajo en el costado. Sangre saiyana salpicó los azulejos.
Gogeta no gritó. Sonrió.
—Buena —dijo—. Ahora ya sé dónde estás.
Porque el ataque había venido con dirección. Una ilusión no corta. Solo la real lo había tocado, y el rastro de su ki —frío, hueco, como un eco sin garganta— quedaba impreso en el aire que la lanza había cruzado. Y ese rastro apuntaba al único espejo que no había reventado: el pequeño, ovalado, sobre el lavabo, el que ella había dejado intacto porque era su puerta de salida.
Gogeta cargó energía en la palma. No apuntó a las copias. No apuntó a las astillas. Apuntó a la puerta.
—Ecos de vidrio roto —murmuró, y su voz tenía dos tonos perfectamente sincronizados—. Vas a oírlos todos a la vez.
La Loira comprendió. Su sonrisa tembló, pasó de dulce a furiosa a algo parecido al miedo, y lanzó un grito que hizo vibrar los azulejos. Las veinte imágenes corrieron hacia él, lanzas por delante, desesperadas por impedirlo. Pero él ya había aprendido el ritmo. Cada copia era una puerta, y las puertas tenían bisagras. Golpeó el suelo con el talón, y el pasillo entero se plegó hacia atrás como una página.
Las ilusiones se desgarraron. La red de imágenes se deshizo antes de que su puño llegara al núcleo.
Entonces lo alcanzó. Un destello azul incandescente, concentrado, atravesó el espejo ovalado y todo lo que había detrás. El espacio plegado colapsó sobre sí mismo con un quejido de vidrio. Loira do banheiro quedó suspendida un instante, translúcida, sus dedos largos aún aferrados a la lanza apagada.
—Qué... aburrido... —logró decir, y su voz ya no tenía eco.
Se deshizo en polvo de espejo, y el polvo cayó al suelo como nieve sucia. El pasillo recuperó su longitud real. Las luces dejaron de parpadear.
Gogeta permaneció de pie entre los fragmentos, jadeando apenas, la mano aún extendida donde había estado la puerta. La herida del costado humeaba, cerrando ya. Miró su propio reflejo en el trozo de espejo más grande que quedaba intacto en el suelo. Esta vez, el reflejo no se movió por su cuenta.
—Una sola salida —dijo—. Siempre hay una sola salida.
Se giró y caminó hacia la puerta del baño, dejando atrás la nieve de vidrio y el silencio que había sustituido a la risa.
El final registrado
Este encuentro terminó con Gogeta SJJ Blue Full Power aún en pie.
Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.¿Cambiarías este final?
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