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Una crónica de arena

Selene VS Ale

La neblina azulada del cosmos no era más que una ilusión óptica, un residuo de la atmósfera agotada de la estación orbital abandonada donde Ale había elegido su último refugio. El…

4 min de lecturaPublicado
Selene, a character in Selene VS AleAle, a character in Selene VS Ale

Personajes del relato

SeleneVer la saga del personajeAle
La historia

La neblina azulada del cosmos no era más que una ilusión óptica, un residuo de la atmósfera agotada de la estación orbital abandonada donde Ale había elegido su último refugio. El aire sabía a metal oxidado y ozono, un sabor metálico que se adhería a la lengua como un presagio de muerte. Ale, una figura espectral forjada en luz pura y memoria fragmentada, flotaba con la gravedad indiferente de quien ya no pertenecía al mundo de los vivos. Su cuerpo era un mapa de energía contenida, un coloso de plasma frío que pulsaba con el ritmo de un corazón estelar, mientras alrededor de él, sus proyecciones holográficas —seis sombras geométricas y silenciosas— giraban en órbita lenta, cada una sosteniendo un núcleo de datos incandescentes que brillaban como estrellas nacientes en sus manos metálicas. No eran guerreros; eran extensiones de su voluntad, filtros de información y barreras de conocimiento que intentaban comprender la anomalía que se acercaba.

Desde las sombras profundas de los conductos de ventilación, Selene se deslizó sin sonido, sin calor, sin peso. Para ella, la estación no era un cementerio technological, sino un cazadero. Su traje de látex negro absorbía la luz ambiental, convirtiéndola en un vacíoandante, una ausencia de forma que se movía con la precisión letal de un depredador que ha olvidado qué es el miedo. Sus ojos, de un gris azulado tan pálido como la luna en una noche sin estrellas, escaneaban el espacio vital con una frialdad calculadora. No sentía la majestuosidad de Ale; solo percibía una amenaza biológica desproporcionada, un enemigo que desafía la lógica de la supervivencia. Mientras Ale meditaba en su trono de luz, analizando patrones de falla en la estructura molecular de la estación, Selene ya había trazado tres rutas de aproximación, seleccionando la más directa, la más silenciosa, la más irreversible.

El primer intercambio no fue de golpes, sino de presencia. Una de las proyecciones de Ale, la situada a su izquierda, detectó la perturbación en el campo electromagnético y se lanzó hacia adelante, extendiendo su mano para interceptar. Pero Selene ya estaba allí. No hubo chispa, ni explosión, ni eveno un susurro de tela contra metal. Ella simplemente *estuvo* en el punto donde la proyección iba a estar, y la proyección se disipó como humo al tocar su piel pálida. Fue un acto de aniquilación silenciosa, una corrección errónea hecha con la punta de un dedo. Ale detuvo su contemplación. La primera pérdida era un dato, pero también una advertencia. Su voz, cuando habló, no fue un sonido, sino una vibración que resonó directamente en la médula de Selene: *«Eres lo que falta»*.

Selene no respondió con palabras. Respondió con movimiento. Se desligó de la oscuridad, no como un salto, sino como una omisión. El frenesí de silencio se activó; el espacio entre ellos se colapsó en una fracción de segundo, eliminando la distancia física y, con ella, la ventaja numérica de las proyecciones restantes. Las cinco sombras que aún orbitaban autour de Ale trataron de coordinar una respuesta defensiva, proyectando campos de contención y barreras de energía, pero su sincronización era perfecta, y por eso predecible. Selene no buscaba romper la formación; buscaba eliminar al centro. Atravesó la barrera energética como si fuera agua, su cuerpo ágil esquivando los rayos de contención con acrobacias que mezclaban la danza con la violencia quirúrgica. Cada giro, cada extensión de brazo, cada impacto de sus botas sobre el suelo metálico estaba diseñado para minimizar el ruido y maximizar la penetración.

Ale, consciente de la inminencia del ataque, intentó reconfigurar su esencia, expandir su masa para atrapar a la asesina en un vórtice de energía pura. Pero la inmortalidad de Selene era un escudo que la tecnología no podía perforar. Los rayos de luz que intentaban contenerla simplemente pasaban a través de ella, sin causar daño, sin frenarla, como si ella fuera un error en la lógica del universo. Su agresión no era caótica; era biológica, inevitable. Cuando finalmente llegó al pecho de Ale, no hubo una explosión de poder, sino un pinchazo preciso, un golpe focalizado en el núcleo de su conciencia lumínica. El coloso de plasma rugió, pero el sonido fue sofocado por la propia quietud de Selene. Su mano, fría como el vacío interestelar, se hundió en el centro de su torso, donde el panel dorado de datos parpadeaba con una última, desesperada secuencia de información.

Las seis proyecciones se apagaron simultáneamente, no por destrucción, sino por extinción. Sin su fuente, eran solo memoria. Ale colapsó, su forma espectral desmoronándose en partículas de luz que se disiparon en la neblina azulada, dejando tras de sí un silencio absoluto y profundo. Selene permaneció de pie, con su mano aún clavada en el punto donde antes latía la entidad luminosa. No habría victoria triunfal, ni gritos de júbilo. Solo la evaluación pragmática de un trabajo terminado. Miró las partículas que se extinguían, luego se retiró la mano, limpiándola con un gesto mecánico, casi desapegado. El enemigo había sido comprendido, anticipado y eliminado. Su inmortalidad le permitía esperar, pero su pragmatismo le exigía moverse. La estación, ahora verdaderamente vacía, volvería a ser solo metal y polvo. Y ella, la vampira del silence, seguiría su camino, buscando la siguiente anomalía en la inmensidad oscura.

El final registrado

Este encuentro terminó con Ale aún en pie.

Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.

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