Una crónica de arena
Selene VS Bitcoin Ninja
La noche caía sobre la ciudad digital como un manto de neón derramado. Selene no buscaba a nadie. Caminaba por los callejones húmedos bajo la luna, con su traje negro brillante…


Personajes del relato
La noche caía sobre la ciudad digital como un manto de neón derramado. Selene no buscaba a nadie. Caminaba por los callejones húmedos bajo la luna, con su traje negro brillante ajustado al cuerpo atlético, las botas altas resonando con cada paso sobre el asfalto mojado. Sus ojos claros, azules como el hielo, escaneaban las sombras con la precisión de un depredador que no necesitaba cazar… hasta que lo vio.
Bitcoin Ninja emergió de entre dos hologramas publicitarios, la katana ya desenvainada en su mano derecha, el símbolo dorado de Bitcoin flotando sobre su palma izquierda. El traje azul brillante con líneas de circuito amarillo palpitaba como venas de luz. No hubo palabras. No hubo presentación. Solo el reconocimiento instantáneo de dos letales criaturas que sabían que el otro no era presa, sino rival.
Selene se movió primero.
Un salto acrobático la lanzó hacia un lateral, sus botas golpeando la pared de ladrillo antes de impulsarse hacia el ninja con una velocidad que ningún ojo humano podría seguir. Bitcoin Ninja no retrocedió. Giró sobre sus talones metálicos, dejando que la katana trazara un arco de luz azulada. El acero cortó el aire donde Selene había estado medio segundo antes. Ella ya estaba detrás de él, agachada, con los dedos curvados como garras.
—Rápida —murmuró el ninja, y su voz tenía un zumbido digital, como si viniera de dentro de un servidor.
Selene no respondió. Se lanzó de nuevo. Esta vez, el ninja alzó el símbolo dorado. Una barrera de luz dorada se materializó ante él, un escudo que imitaba una posición defensiva en el mercado. Selene lo golpeó con ambas manos, buscando atravesarlo, y el escudo se desintegró instantáneamente en fragmentos dorados que absorbieron la energía de su ataque, convirtiéndola en vacío. El contraataque fue inmediato: la katana silbó hacia el hueco en la guardia de Selene.
Ella sintió el filo rozar su corsé estructurado, cortando el material negro brillante pero no la piel. Rodó hacia atrás, usando la inercia, y se puso de pie con un movimiento fluido. La herida en su traje se cerró sola, la carne pálida bajo la tela ya regenerada.
—Interesante —dijo Selene, su tono bajo y controlado. —Tu escudo convierte la fuerza en nada. Pero yo soy la nada.
Bitcoin Ninja no mostró emoción. Su rostro joven, enmarcado por el fedora azul, permanecía sereno. Era el último de su clan, el superviviente de una guerra que había borrado a todos los demás, y llevaba esa carga en cada movimiento disciplinado. La katana giró en su mano, sincronizada con pulsos de energía que emanaban del símbolo de Bitcoin.
El ninja desapareció.
No fue una ilusión. Fue velocidad pura, un desplazamiento digital que lo llevó detrás de Selene en un parpadeo. La katana descendió hacia su cuello. Selene, guiada por sentidos sobrenaturales que percibían el desplazamiento del aire antes de que ocurriera, se agachó y contraatacó con un tajo ascendente de sus garras. El ninja bloqueó con el plano de la hoja, pero la fuerza del golpe lo hizo retroceder tres pasos.
Los dos se detuvieron. Se miraron.
Ese fue el momento de pausa. El aire entre ellos vibraba con energía residual, fragmentos dorados flotando como polvo de estrellas, las líneas de circuito del traje del ninja parpadeando lentamente. Selene respiró, sintiendo cómo su cuerpo inmortal se preparaba para lo que viniera. El ninja ajustó el agarre de su katana, y el símbolo dorado en su mano izquierda comenzó a brillar con una intensidad distinta, más profunda, más final.
Selene lo entendió. Él iba a terminar esto.
Pero ella también.
Bitcoin Ninja alzó la moneda ante sí, creando una barrera dorada más grande que la anterior, una cúpula de luz que bloqueaba cualquier ataque masivo. En el momento de mayor tensión, destruyó el escudo, esperando que Selene se precipitara hacia adelante, hacia el vacío, hacia el golpe mortal de su katana.
Selene no se precipitó.
En cambio, reveló su verdadera naturaleza. Cerró los ojos y dejó que el hambre infinita dentro de ella despertara. No era un apetito físico, sino un vacío primordial, un abismo que existía en su pecho desde antes de que la ciudad digital fuera siquiera un sueño. El vacío se expandió, y la realidad misma comenzó a colapsar hacia su interior.
La luz dorada del escudo destruido fue la primera en ser absorbida. Luego los hologramas, los neones, el suelo mismo del callejón. Bitcoin Ninja sintió cómo su propio cuerpo era arrastrado hacia esa ausencia, hacia esa nada que Selene se había convertido. Su traje de circuitos parpadeó erráticamente, la energía digital siendo consumida por el vacío sin fondo.
—No… —susurró el ninja, y por primera vez, su voz digital tembló.
La katana se le escapó de la mano, disolviéndose en partículas de datos antes de tocar el suelo. El símbolo de Bitcoin se apagó. El fedora azul salió volando hacia la oscuridad y nunca regresó.
Selene no sintió placer. Solo eficiencia. El vacío dentro de ella consumió todo lo que Bitcoin Ninja era: su carne, su legado, su clan, su fusión de artes marciales y ciberespacio. Todo se convirtió en nada, y la nada era ella.
Cuando abrió los ojos, el callejón estaba vacío. No quedaba rastro del ninja. Solo el eco distante de un mercado digital que ya no tenía comprador ni vendedor.
Selene se ajustó el corsé rasgado, miró hacia el cielo nocturno, y siguió caminando. La noche aún era joven, y su hambre, por ahora, estaba satisfecha.
El final registrado
Este encuentro terminó con Selene aún en pie.
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