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Una crónica de arena

Tina VS Kirishima Rei

Los peldaños de piedra húmeda ascendían hacia la niebla como las costillas de una bestia enterrada. Tina los conocía de memoria. Cada grieta, cada musgo que cedía bajo sus dedos…

5 min de lecturaPublicado
Tina, a character in Tina VS Kirishima ReiKirishima Rei, a character in Tina VS Kirishima Rei

Personajes del relato

TinaVer la saga del personaje →Kirishima Rei
La historia

Los peldaños de piedra húmeda ascendían hacia la niebla como las costillas de una bestia enterrada. Tina los conocía de memoria. Cada grieta, cada musgo que cedía bajo sus dedos negros, cada saliente donde sus garras encontraban agarre. El templo en ruinas se alzaba en terrazas concéntricas, y ella lo había convertido en su territorio de caza mucho antes de que aquel hombre blanco cruzara sus límites.

Lo observó desde el tercer nivel, agazapada sobre una cornisa de basalto, la melena rojiza cayendo en silencio sobre su hombro desnudo. Las rayas negras de sus brazos se fundían con la sombra. Abajo, en la plaza inundada de niebla, Kirishima Rei avanzaba con paso de autómata, la capa militar negra y blanca ondeando a su espalda, el brazo mecánico suspendido a su derecha como un animal dormido de metal y óxido.

No había prisa en él. Solo el peso de algo que ya no esperaba salvarse.

—Has subido demasiado —murmuró Tina, y su voz resonó grave entre las columnas—. Aquí arriba el aire corta. Los que no conocen la altura se vuelven lentos.

Rei alzó la cabeza. Sus ojos rojos brillaron a través del vapor como dos ascuas en un horno apagándose.

—La altura no me importa —dijo, apenas un soplo—. Yo ya caí hace mucho.

El primer intercambio fue relámpago. Tina se lanzó desde la cornisa en un arco imposible, el cuerpo extendido, los dedos abiertos hacia el cuello de Rei. Él giró, y el brazo mecánico se interpuso con un zumbido hidráulico, desviando las garras hacia la piedra, donde arrancaron tres surcos blancos. Ella aterrizó de pie, flexionada, y ya estaba en movimiento otra vez antes de que el polvo tocara el suelo.

Golpe. Giro. Salto. Sus pies descalzos apenas rozaban los peldaños antes de impulsarla de nuevo. Subió dos niveles en un parpadeo, desapareció tras una columna partida, reapareció detrás de él. Rei disparó. El proyectil perforó el aire donde ella había estado, y Tina ya estaba encima, clavando las garras en la articulación del hombro mecánico. Chispas. Un chirrido de metal herido.

—Rápida —admitió él, sin emoción.

—Suficiente.

Ella lo creía. Cada golpe que asestaba llevaba la savia gris del Veneno de la Selva Alta, una sustancia que había paralizado bestias más grandes que cualquier hombre. En los puntos precisos —la base del cuello, la muñeca orgánica, el tendón bajo la rodilla— sus garras dejaban surcos mínimos, casi invisibles. Y la parálisis crecía, lenta como la marea.

Rei lo notó. Su muñeca izquierda ya no respondía del todo. La rodilla temblaba cuando ascendía.

Comprendió entonces que había estado leyendo mal el combate. Había asumido que Tina lo empujaba hacia arriba para acorralarlo, para arrojarlo desde las alturas. Pero cada embestida, cada retirada calculada, cada peldaño que él se veía obligado a escalar era parte de la cuenta. Ella no lo llevaba a la cima. Lo estaba envenenando peldaño a peldaño, y la altura solo aceleraba el trabajo del veneno en su sangre.

—No estás huyendo —dijo Rei, y por primera vez algo se movió bajo la frialdad de su voz—. Me estás pesando.

—Todo lo que sube carga con lo que le pusieron encima —respondió Tina, y sus ojos ámbar no mostraban triunfo, solo la certeza paciente del depredador.

Llegaron a la terraza más alta. El templo se abría allí en un círculo de columnas rotas bajo un cielo de ceniza. Rei cayó de rodillas. La capa militar se extendió a su alrededor como un ala muerta. Sus piernas ya no obedecían. El veneno había cerrado sus caminos uno por uno, y Tina lo había ido guiando hasta el último rincón del mundo donde un hombre podía estar solo.

Pero Rei no se rindió.

—Aún queda una cosa —susurró—. La que no necesita cuerpo.

Tina se detuvo. Algo en su instinto —el mismo que le había enseñado a leer el viento y el miedo— le gritó que retrocediera. Pero ya era tarde. Rei alzó la cabeza, y en sus ojos rojos no había furia, sino una resignación total, casi serena. El brazo mecánico se desprendió de su hombro con un estallido de fluidos y cables. Rodó por la piedra. Y entonces el aire cambió.

Una luz blanca brotó del núcleo en su pecho, no como una explosión, sino como un silencio que se expandía. El Punto Nulo. Tina sintió que el mundo se vaciaba de sonido, de color, de distancia. Las columnas dejaron de tener bordes. Sus propias garras se volvieron difusas. Rei extendió los brazos hacia ella, y en su rostro había algo que ella no esperaba: comprensión. Como si la abrazara con todo el dolor acumulado de una humanidad que ya no le pertenecía.

Tina quiso moverse. Su velocidad, su veneno, su instinto de caza — nada de eso servía contra el vacío. Pero en el instante en que la blancura la tocó, su cuerpo ya había tomado la única decisión que le quedaba.

No huyó. Mantuvo las garras clavadas en el pecho de Rei, en el núcleo mismo de la luz.

El veneno ya estaba en su sangre. El Punto Nulo consumió la forma de Tina, sí —pero antes de que el vacío se cerrara sobre ella, la sustancia gris que había ido depositando durante toda la ascensión llegó a su destino final. Rei, ya sin brazo, ya sin piernas, ya sin el mecanismo que lo sostenía, no pudo completar el abrazo. La parálisis lo alcanzó en el último aliento, y el vacío se deshizo como humo, sin forma, sin propósito.

En la terraza alta quedó solo el silencio. Y sobre la piedra, la sombra de Tina —desvanecida, pero vencedora— marcó el lugar donde un hombre que quiso borrar su humanidad descubrió que el veneno de la selva no perdona ni a los que ya no tienen cuerpo que salvar.

Sobre las columnas rotas cayó una nieve negra. Pero el templo ya no tenía dueño, porque la cazadora lo había defendido hasta el último peldaño.

El final registrado

Este encuentro terminó con Tina aún en pie.

Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.

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