Una crónica de arena
Selene VS Son Goku
La lluvia golpeaba el techo del almacén abandonado con una constancia que Selene había aprendido a leer como un metrónomo. Cada gota caía con el peso de una década, acumulándose en…


Personajes del relato
La lluvia golpeaba el techo del almacén abandonado con una constancia que Selene había aprendido a leer como un metrónomo. Cada gota caía con el peso de una década, acumulándose en charcos que reflejaban la luz mortecina de las lámparas industriales. Ella permanecía inmóvil sobre la viga de acero más alta, a doce metros del suelo, dejando que el agua deslizara por el brillo látex de su traje sin perturbar su equilibrio.
La percibió antes de verla: una vibración en el aire, un desplazamiento de la presión atmosférica. Alguien acababa de entrar por la puerta oeste. Selene inclinó apenas la cabeza, sus ojos grisáceos estrechándose en la penumbra.
Era musculoso, de cabello oscuro erizado hacia el cielo, empapado por la tormenta. Vistió el azul de su ropaje de combate con la seriedad de quien conoce el peso de cada movimiento. No se anunció. No hizo falta.
Selene descendió desde la viga con la gracia de una sombra que decide volverse sólida. Sus botas resonaron una sola vez contra el piso de hormigón, y el eco se perdió en el rugido de la lluvia.
"Has venido por la misma razón que yo", dijo ella, su voz baja y monocroma, sin pregunta en las palabras.
Goku elevó el rostro. Sus ojos, duros como piedra, no mostraron sorpresa por la aparición súbita. "He venido a terminar esto. Aquí y ahora."
No hubo más diálogo.
El primer intercambio fue un estudio de distancias. Selene avanzó con pasos laterales, deslizándose como mercurio, leyendo la tensión en los hombros del hombre. Él respondió con un desplazamiento de piernas, cambiando de ángulo, obligándola a reajustar su evaluación. Ambos eran cazadores; ninguno quería ser presa.
Fue Goku quien rompió el silencio del duelo. Su salto no fue un movimiento sino una supresión de la física misma: de pie a un metro de su rostro sin que el aire tuviera tiempo de quejarse. Selene levantó el antebrazo justo a tiempo; el impacto la arrancó del suelo y la estrelló contra la segunda fila de estanterías metálicas. El acero gimió y se dobló bajo su espalda.
Dolor. Ella lo registró, lo aceptó, y se puso de pie mientras la carne desgarrada comenzaba a suturarse.
"Rápido", admitió, limpiando la sangre de su labio con el pulgar. "Pero no infinito."
Goku no respondió con palabras. Llegó de nuevo, y esta vez Selene estaba lista.
Ella giró, usando la fuerza del golpe que se acercaba para impulsarse hacia atrás, escalando la estructura metálica con pies y manos en una secuencia de adrenalina pura. Subió tres niveles, saltó un vacío de cuatro metros entre plataformas, y aterrizó en la pasarela superior. Goku la siguió sin dudar, sus botas golpeando el metal con una autoridad que hizo temblar todo el edificio.
En la pasarela, el espacio era reducido. Selene lo sabía: aquí, la velocidad del hombre era una ventaja. Aquí, podría perder.
Así que cambió las reglas.
De su cintura extrajo una hoja de acero que ningún clima podía dañar, con un filo que la lluvia no lograba empañar. La blandió en un arco bajo, cortando la pasarela a la altura de los tobillos de Goku. El metal cedió con un gemido de agonía y la plataforma se inclinó, lanzándolos a ambos hacia el vacío del almacén.
La caída fue un caos de gravedad y agua.
Goku se recuperó en el aire, girando su cuerpo para orientarse, pero Selene llegó antes. Sus dedos se cerraron en el cuello de su ropa y lo empujó hacia abajo, ganando altura mientras él se hundía hacia el suelo de hormigón. Él impactó de espaldas contra un contenedor de carga, aplastando el metal con el peso de su cuerpo.
Selene aterrizó tres metros más arriba, sobre la viga que una vez pisó. Desde allí, alzó la hoja.
La tormenta había amainado. La lluvia se redujo a un goteo esporádico, pero el agua seguía acumulada en los charcos, en las canaletas, en las grietas del hormigón.
Selene observó al hombre levantarse. Goku tosió sangre, se limpió la boca con el dorso de la mano, y sus ojos volvieron a encontrarse con los de ella. No había miedo en ellos. Solo una determinación que Selene reconoció como propia.
"Buena pelea", dijo él, su voz grave y firme a pesar de la herida. "Pero no has terminado conmigo."
Y entonces el mundo se inclinó.
Goku desapareció. No se movió: simplemente dejó de estar donde estaba. Selene aguzó todos sus sentidos, su visión sobrenatural barriendo la oscuridad, pero no había nada que percibir. Fue un abismo de ausencia.
La singularidad del vacío llegó como un puño.
No lo vio venir. Solo sintió que el espacio mismo se plegaba a su alrededor, que la gravedad perdía significado, que cada defensa que su naturaleza vampírica le otorgaba se volvía irrelevante ante la fuerza cinética pura que la golpeó. El golpe la arrancó de la viga, la lanzó a través de dos paredes de chapa, y la enterró en la tierra húmeda bajo los cimientos.
Selene yació en la oscuridad, con el cuerpo roto.
La regeneración comenzó de inmediato, sus células trabajando con furia, pero algo estaba mal. Los huesos se unían, la carne se tejía, pero el dolor permanecía como una marca. El golpe de Goku no había sido solo físico: había interrumpido el flujo mismo de su esencia, dejando una grieta que su inmortalidad no podía sellar del todo.
Se puso de pie con esfuerzo, el traje negro rasgado en el costado, la hoja aún firmemente empuñada.
"Interesante", murmuró para sí misma, y el eco de su voz resonó en el vacío que había dejado su caída. "Un vacío que el tiempo no puede curar."
Goku la esperaba en la superficie, de pie sobre la losa rota, sus puños ensangrentados. La vio emerger de entre los escombros y asintió con respeto.
"Todavía en pie", dijo. "Eres más fuerte de lo que aparentas."
"Y tú más letal de lo que tu apariencia sugiere."
Selene evaluó sus opciones. El golpe del vacío había comprometido su regeneración; cada segundo que pasara, la grieta en su esencia se ensancharía. No podía permitirse una guerra de desgaste. Necesitaba terminar esto ahora, con precisión quirúrgica, antes de que el precio de esa ventaja fuera demasiado alto.
Subió por el esqueleto del edificio, nivel tras nivel, con Goku persiguiéndola implacable. Cada plataforma era una apuesta; cada salto, una negociación con la gravedad. Llegó al techo, abierto a la tormenta, y allí se detuvo.
El cielo aún lloraba a cántaros. El agua se acumulaba en la superficie plana, formando una lámina reflectante que duplicaba el cielo partido por los relámpagos.
Goku aterrizó frente a ella. Ambos estaban heridos, ambos habían pagado su precio, pero solo uno de ellos podía llevarse la victoria.
"Esto termina aquí", dijo él.
"Sí", respondió Selene. "Termina."
Él se lanzó, y esta vez no intentó evadirlo.
Selene leyó el patrón de su ataque con una claridad que solo poseía la desesperación perfecta. Sus sentidos sobrenaturales captaron la minuciosa fractura en su defensa, el pequeño intervalo entre el golpe que destruía y el que remataba. En ese espacio de nada, ella clavó su hoja.
La Sentencia de la Tormenta Inmutable encontró el pecho de Goku justo donde el agua de lluvia se había acumulado contra su piel, siguiendo el mapa de la sangre que palpitaba bajo el músculo. El acero entró sin resistencia, sellando la herida vital con un sello físico que detuvo el flujo de sangre y anuló cualquier capacidad de curación automática.
Goku se detuvo. Su puño quedó a un dedo del rostro de Selene, la fuerza que había sido un vacío devorador reducida a un temblor. Miró hacia abajo, hacia la hoja que lo atravesaba, y luego hacia ella.
"Bien", dijo con un hilo de voz, y sus piernas cedieron.
La lluvia lo cubrió mientras caía de rodillas, la tormenta lavando la sangre de ambos.
Selene retiró la hoja con un gesto limpio y la aseguró en su cintura. Permaneció de pie bajo la lluvia, su cuerpo aún sintiendo la grieta que el vacío le había dejado, pero viva. La misión estaba cumplida.
Miró una última vez al guerrero caído, cuyo rostro, incluso en la derrota, conservaba la serenidad de quien ha dado todo. Luego se giró hacia el horizonte, donde la tormenta empezaba a ceder, y dio el primer paso hacia la noche.
El final registrado
Este encuentro terminó con Selene aún en pie.
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