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Una crónica de arena

C-17 VS Ганна Опанасова, чемпіон з магічного плавання

El agua era un espejo roto bajo el cielo de un verano tardío, y C-17 la observó desde la orilla como quien lee un tablero antes del primer movimiento. Manos en los bolsillos,…

6 min de lecturaPublicado
C-17, a character in C-17 VS Ганна Опанасова, чемпіон з магічного плаванняГанна Опанасова, чемпіон з магічного плавання, a character in C-17 VS Ганна Опанасова, чемпіон з магічного плавання

Personajes del relato

C-17Ver la saga del personajeГанна Опанасова, чемпіон з магічного плаванняVer la saga del personaje
La historia

El agua era un espejo roto bajo el cielo de un verano tardío, y C-17 la observó desde la orilla como quien lee un tablero antes del primer movimiento. Manos en los bolsillos, hombros relajados, el pañuelo rojo inmóvil pese a la brisa. Del otro lado del estanque, entre sauces llorones y juncos, Ганна Опанасова, чемпіон з магічного плавання, sostenía su dispositivo gris y negro —CLIMATE SYNC parpadeando en verde— mientras su corona de flores rojas y azules goteaba agua clara sobre los hombros descubiertos. No había saludo. Entre ellos, cien metros de superficie inmóvil y nenúfares blancos.

La campeona se movió primero. Hundió las rodillas en el agua y, con la mano libre, arrojó un tallo de kalyna que giró en el aire una sola vez antes de tocar la superficie. El agua entera respondió: bajo el punto de impacto se abrió una grieta azul y de ella brotaron raíces profundas que se retorcieron como tendones de un animal dormido. Las llamadas Калинове Поняття no eran defensa pasiva; eran un bosque vertical que crecía en segundos. Las lianas mecánicas de savia y agua se alzaron hacia C-17 en abanico, buscando envolverlo, ahogar cualquier chispa antes de que naciera.

C-17 no retrocedió. Extrajo las manos de los bolsillos con la misma calma con que un relojero abre una caja. Comprendió de inmediato la lógica del campo: Ганна no luchaba sobre el agua, luchaba *a través* de ella, moviéndose entre raíces como una corriente más. Cada liana cumplía doble función: ataque y andamio. Mientras las contemplaba, ella ya había desaparecido bajo la superficie, desplazándose hacia su flanco izquierdo, dejando estelas espumosas que se cerraban tras de sí sin ruido.

—Pragmático —dijo C-17 en voz neutra, como si catalogara una pieza de maquinaria.

Disparó. No a las raíces, sino a la estructura que las sostenía: los postes de madera sumergidos que antaño sujetaban el muelle, y las vigas podridas de una pasarela lateral. Las ráfagas de energía compacta atravesaron el agua sin dispersarse; la Manipulación Táctica de Entorno convirtió el paisaje en un mecanismo. Una viga cedió, luego otra. La pasarela entera se desplomó hacia el estanque, y con ella las raíces que lo anclaban todo. El bosque de la campeona perdió su geometría: lianas que antes subían ahora flotaban a la deriva, y la propia Ганна emergió a la fuerza, tosiendo agua, obligada a abandonar su cobertura móvil.

Ella no era lenta. Antes de que C-17 pudiera encadenar un segundo ataque, Ганна alzó el dispositivo y lo pulsó. CLIMATE SYNC emitió un tono claro, casi un canto. El agua del estanque cambió de temperatura en oleadas, y de los juncos brotaron zarcillos nuevos, más delgados y rápidos, que no buscaban envolver sino cegar: latigazos de savia hacia los ojos y las articulaciones del androide. Al mismo tiempo, ella corrió sobre la superficie con la eficiencia de quien nada en su propio elemento, cada paso una zambullida mínima, imposible de rastrear del todo.

C-17 retrocedió dos pasos y levantó una barrera de energía. Los zarcillos chocaron contra el plano luminoso y se carbonizaron en los bordes, pero la campeona ya estaba encima. Un golpe húmedo de su mano libre contra el hombro del androide; el impacto apenas lo movió. Él giró, atrapó su muñeca y la lanzó contra un sauce. El tronco crujió. Ганна rebotó, aterrizó de pie sobre el agua y sonrió con los labios partidos.

—Tu fuego no sabe dónde termina mi río —dijo, y era verdad que el río parecía no terminar.

Pero C-17 tenía una reserva que no se agota. Ese era el hecho que ninguno de los dos había dicho en voz alta y que ahora decidía el resto. Mientras ella volvía a invocar raíces —más lentas esta vez, más gruesas, gastando parte de la corriente que la sostenía—, él calculó el ángulo con precisión sobrehumana. Las raíces emergían siempre del mismo punto de origen: el tallo de kalyna que había quedado clavado en el fondo. Todo poder tiene un nodo.

C-17 voló. Diez metros en línea recta, bajo las lianas, a través del rocío ardiente, y se detuvo en seco sobre el punto exacto donde el tallo latía. Ганна comprendió el error un instante demasiado tarde: había plantado su magia en un solo lugar, y ese lugar ahora estaba debajo de él.

Extendió ambas manos. Una ráfaga comprimida, no hacia la superficie, sino hacia el fondo: energía pura canalizada a través del agua como un trueno silencioso. El estallido no fue de fuego, fue de presión. El tallo se partió. Las raíces que aún lo obedecían se soltaron de golpe y se desplomaron sobre el estanque como cuerdas cortadas. La corriente que sostenía a la campeona perdió su ritmo; sus pies tocaron el fondo y el agua, antes su aliada, se volvió un peso neutro alrededor de sus rodillas.

—No —pronunció ella, y el dispositivo CLIMATE SYNC parpadeó ámbar, luego rojo.

Ганна intentó un último brote: arrancó un puñado de bayas rojas de su mano izquierda y las arrojó, y de cada fruto nació un zarcillo pequeño que se enroscó en los tobillos de C-17. Él los miró con la misma expresión con que había mirado todo el combate. Sin prisa. Con una calma que no era crueldad sino naturaleza. Los zarcillos se tensaron; él flexionó las piernas y los rompió sin esfuerzo, como cabellos secos.

Descendió entonces, no para golpear, sino para cerrar. Tomó el dispositivo CLIMATE SYNC de la mano de Ганна —ella se aferró, él lo extrajo con firmeza quirúrgica— y la rodeó con un brazo mientras el otro anclaba su punto de apoyo contra el fondo del estanque. No hubo golpe final. Hubo una inmovilización absoluta: fuerza sobrehumana contra un cuerpo que ya no tenía corriente que lo sostuviera. Ганна forcejeó, magnífica y feroz, pero cada empuje suyo era absorbido por una resistencia que no conocía el cansancio. El agua se aquietó. Los sauces dejaron de moverse. Sobre sus cabezas, los nenúfares blancos giraron lentamente hacia el sol.

—Sync completo —dijo C-17, sin emoción, y no había ironía en ello, solo el registro de un hecho consumado.

La campeona dejó de luchar cuando comprendió que luchar era inútil. Sus ojos verdes siguieron brillando, pero el estanque que había sido su reino ahora era solo agua, y sobre el agua, el androide de camiseta negra y pañuelo rojo permanecía de pie, inmóvil, con el dispositivo ajeno en la mano y la mirada fija en el horizonte como si ya estuviera leyendo el siguiente tablero. El verano tardío siguió su curso. Las raíces rotas flotaron entre las flores. Y en la superficie, donde antes hubo una tormenta de savia y corriente, quedó únicamente el reflejo de una victoria que nunca necesitó gritar para ser absoluta.

El final registrado

Este encuentro terminó con C-17 aún en pie.

Esta historia ficticia fue generada por PicWar AI a partir de personajes de jugadores y una batalla pública con fines de entretenimiento.

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